El inquilino de Guido Tamayo

Guido Tamayo, el escritor y gestor cultural, de amplio reconocimiento en nuestro medio, quien durante varios años fuera el director literario de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, publica con el sello Mondadori su primera e inquietante novela. A continuación los comentarios de Vila-Matas y Oscar Collazos relativas a esta ficción ambientada en Barcelona:

“No importa aquí tanto el tema –un final de trayecto- como el tono. Una voz que huye de lo literario y sus servidumbres y que constituye con fragmentos un peculiar estilo. Como si el autor buscara que no tuviéramos la impresión de estar leyendo. Una prosa que niega la Barcelona que entre los jóvenes latinoamericanos tomó el relevo de París en el mito del exilio literario. Una Barcelona más de Bolaño que de García Márquez, sin llegar a ser de nadie. La escritura de Guido Tamayo proyectada sobre una Barcelona sombría de la que doy plena fe. La historia de una educación sentimental en su fase terminal. La verdad sobre los exilios literarios en la Barcelona que exageró su luz. La verdad sobre la vida, aquí y allá. El mito del bar Marsella y su absenta inventada para el dolor. La generación que pasó de pensar en la guerrilla a soñar en la gloria de ser escritor en Europa. La ausencia clave de una mujer. El mundo de los mitómanos profesionales, charlatanes con hambre. La sensación de abandono, soledad y libertad que se siente  en una ciudad que no te quiere, que no piensa quererte nunca. Un libro sobre un cierto y no tan lejano malentendido. Aquella Barcelona de la que oísteis hablar y que en realidad –Tamayo os lo dice– nunca existió”.  ENRIQUE VILA-MATAS

“He leído sin sosiego y sólo con una interrupción nocturna tu nouvelle y he vivido en profundidad lo que apenas conocía en la superficie: la tragedia como elección, la derrota como opción de vida. Ni siquiera habría que nombrar a la Barcelona cutre de tu relato: aquí es una fundación imaginaria. Y ese personaje agónico, no había forma de construir esta novela sino a fragmentos. Si estuviera vivo, el personaje que la inspira habría celebrado la lectura de este texto onettiano, camusiano, lowryano, a mi juicio lo más profundo que he leído en mucho tiempo sobre el exilio como autodestrucción”. OSCAR COLLAZOS